Germán Bustos

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Algunas reflexiones sobre los mitos

Viernes 5 de enero de 2007, por German Bustos

El día 27 de diciembre asistí a una charla que dio Enrique Nassar sobre el tema de los mitos y la forma en que el Movimiento Humanista se enfrenta a ellos. Posteriormente se publico en el sitio de Paz, Fuerza y Alegría un artículo sobre el tema.

La noche en que llegué de la conferencia tenía una serie de inquietudes que quise organizar en una carta a Enrique (que aun no tiene respuesta). Publico acá la carta porque creo que puede ser un aporte al debate.

Estimado Enrique,

Te escribo para agradecerte tu charla de esta noche sobre los mitos y para plantearte algunas de las inquietudes que me surgieron atropelladamente durante ella y que ahora quisiera decantar y organizar.

Ante todo creo que lo honesto es plantear algunos elementos de mi propia historia desde los que hablo y me inquieto. Tengo una formación terriblemente racional, del colegio, impuesta sobre otra católica de mi mamá, que estaba siempre en confrontación con el anarquismo de mi padre.

En el colegio tuve mucha influencia del pensamiento alemán, una de las consecuencias de ese proceso fue que me sentí muy identificado con ambientalismo, de ahí mi elección de carrera y el grueso de mi experiencia profesional. Pero el ambientalismo, que empecé a trabajar como un tema racional (cómo resolver la crisis ambiental que afronta el planeta) me llevó a un cuestionamiento profundo del tema de la racionalidad como motor real de cambios históricos. De ahí fue relativamente fácil encontrar que son los mitos, los motores más profundos del cambio histórico. Mi formación como ambientalista tiene dos elementos que trabajan este tema, uno el enfoque de trabajo ecosistema y cultura que propone que los problemas ambientales no son problemas del ecosistema sino de las relaciones de éste con la cultura y que muestra cómo históricamente las grandes crisis ambientales han ido cambiando paulatinamente los diversos estratos del sistema cultural, desde la tecnología (que es el estrato de la cultura a través del cual actuamos directamente con el “mundo”), pasando por la organización social y terminando en cambiar los símbolos (que incluyen la estructura cosmológica por supuesto). El otro elemento fundamental es la relación con la diosa, Gaia, la Pacha Mama o cómo se le quiera nombrar…

Mi camino racional de búsqueda de herramientas conceptuales, pedagógicas, políticas y sociales para el cambio ha estado desde hace varios años acompañado con búsquedas espirituales. No puedo negar que mi megacefalia ha hecho que en la mayor parte de los casos al contacto con lo espiritual, lo profundo, lo altísimo, lo sagrado, como se llame…

De ahí mi pregunta de esta noche. No es nuevo para mí que los proyectos históricos se construyen desde una estructura cosmológica, no es nueva tampoco la conciencia de la necesidad de trabajar en esa construcción cosmológica. Me llamó la atención que dijeras que Silo plantea en Psicología 4 (que como la mayor parte de su obra no he leído), los mecanismos a través de los cuales funciona la construcción de mitos y obrar en el mundo.

Mi sensación fue que si está ahí disponible a todo el mundo, uno no se lo va a creer. Si el mito tiene que obrar más allá de la razón y está descifrado con métodos racionales, pierde su efecto. En realidad el “fax” que me llegó fue que se ese un mito “open source” como el software libre, en el que la fuente es decir el código inicial con el que se programó está disponible en algún lado. La historia de los meados de los sacerdotes por tanto no respondía mi inquietud, porque sobre esa misma historia, de estar disponible el “código fuente” del mito uno se daba cuenta que se podría ahorrar la cochinada y trabarse directamente con la sustancia.

Me vine discutiendo con Enrique Amigo sobre el tema, la verdad molesto. De nuevo sentí que tu respuesta, pero sobre todo las de Enrique Amigo descalificaban mi búsqueda; pero ese es otro tema, sobre el que tengo que escribir. El asunto es que Enrique planteó que el tema no es tener la respuesta racional sino la experiencia.

Volviendo a la metáfora tecnológica, el hecho mismo que el “código fuente”, la receta esté disponible en algún lado no quiere decir que uno lo use, ni siquiera que esté dispuesto a entenderlo. Cada día yo uso varios programas “open source” y creo que nunca me he preocupado por revisar la fuente. Conozco grandes sacerdotes del software libre que no solo revisan y personalizan la fuente de los programas, sino que los compilan ellos mismos, es decir realizan el proceso por el cual un poco de textos raros se convierten en programas que resuelven algún tipo de tareas ya sea ver el web, escribir una carta o jugar.

Es más caigo en cuenta que he visto personas inteligentes y formadas tomarse, por ejemplo, toda su hora de almuerzo en discutir los problemas de personajes de telenovela, siendo –repito- personas que están en capacidad de entender cómo es que se trama aquello que les apasiona. Bueno, uno puede pensar que en realidad no se toman muy en serio el asunto, aunque le dedican tiempo. ¿O será que tampoco se toman muy en serio la religión (en su sentido de religar) a pesar que sean creyentes y tengan fe? ¿El concepto desmitificar se me cruza ahora? ¿Se puede crear un mito a partir de la desmitificación? Porque eso es lo que se hace cuando se explica que en realidad todo está dentro de nosotros y se devela el funcionamiento de los aparatos y mecanismos detrás de él ¿no?

Trabajar en la reconstrucción cosmológica es un asunto de la mayor radicalidad, entendiendo radicalidad, el ir a la raíz de los problemas para solucionarlos (como plantea el principio de acción comprendida). Como bien dijiste hoy no sólo Silo trabaja ese tema, hay mucha gente haciéndolo. De hecho hay un gigantesco mercado de propuestas para cambiar el mundo, la sociedad y a uno mismo, en todos los colores y sabores, lo peor es que nos guste o no estamos metidos en él.

Hace poco alguien de mi consejo me reprendió fuertemente por usar esa metáfora del mercado de las ideas, con el argumento inteligente que nuestra propuesta no es una mercancía que promocionamos, sino algo más profundo. Pero la verdad creo que eso es uno de los que tú llamabas hoy “condicionamientos” de nuestra época, la idea del mercado y de la empresa como arquetipos de la vida: los políticos hablan de los países como si fueran empresas y nos dan una libertad para elegir a quienes administren los asuntos públicos idéntica a la libertad que tenemos para elegir entre 10 marcas de champú (que ahora con el TLC serán 20, más libertad). O si quieres nos dan una libertad idéntica a la que tienen las aves del cuento del cuento de Galeano para elegir la salsa en la que quieren ser comidas. (Ver artículo)

Esa es la misma libertad, o mejor dicho el mismo mercado en el que tenemos que ofrecer nuestras ideas. Tal vez no con la lógica del cocinero de aves, pero si con la lógica honesta del campesino que baja al pueblo a vender la cosecha que ha cultivado con el sudor de su frente (para ir usando también el mito judeocristiano).

Y siguiendo con las metáforas judeocristianas me he dado cuenta que en medio de tanta paja hay grano bueno. En medio de muchos charlatanes que solo quieren vender sin importarle la calidad de su producto, en medio de muchos mediocres que se quedan con un pedacito de la carreta y con eso se creen salvos, en medio de muchos fundamentalistas que creen haber tocado la verdad pura con sus propias manos y están dispuestos a matar a quien no la toque con la misma devoción, en medio de tantos locos, de tantos despistados, hay muchas propuestas que en serio le están sirviendo a la humanidad…

He conocido gente que practica técnicas del budismo de una manera que les genera creciente coherencia en su vida, también he visto como el trabajo personal desde el chamanismo indígena de nuestras tierras ayuda, incluso he visto gente que desde sus raíces muy cristianas y reivindicando a Jesús hace cosas muy buenas por la humanidad y por si mismos. Independientemente de las estructuras institucionales en las que se muevan, creo en esas personas y en el poder de su sentir, pensar y hacer, veo coherencia en ellas y capacidad de generarla en el conjunto de prácticas que les orientan. Mi búsqueda me ha traído al Movimiento Humanista, como en otros espacios veo ese poder de generar coherencia, de crecer. Eso de mezclar la política con la trascendencia, la acción social con la transformación personal me gusta… por eso estoy acá. Es para mí una traducción más de ese clamor colectivo, o si se quiere de esa voz de Gaia que nos habla a todos y nos pone en una misma sintonía. Una traducción más, pero justo la traducción que yo entiendo, que a mí me dice.

Yo espero que el éxito de esa búsqueda no nos lleve a descartar a desvirtuar las búsquedas de los demás y a imponer la nuestra como la única y verdadera forma de traducir el clamor. Casos se han visto en la historia y no pocos.

El tema en que los medios como el cine o la televisión manejan el mito, es para mí mucho más serio de lo que parece, de lo que se planteó hoy. Me acuerdo que la Carta del Jefe Seattle (uno de esos mitos que no porque se sepa que es apócrifo es menos válido para mí), uno de los pasajes que más me llamó la atención fue aquel donde Seattle le pregunta al presidente gringo cuáles son los cuentos que les cuentan los blancos a sus hijos en las noches de invierno.

No tengo ideas qué cuentos eran, pero esos mitos hacen que hoy por ejemplo el día de acción de gracias sea una fiesta de importancia capital para cualquiera que viva por allá. ¿Y qué cuentos oímos nosotros? Los de Caperucita, Blanca Nieves, el Lobo, los cerditos, las princesas y los ogros, la magia y las brujas. Sí, pero no solo esos, de hecho esos cada vez menos y potentes obras de arte como Shreck los han desbaratado por completo. Cuando he trabajado con maestros con frecuencia encuentro esfuerzos grandes y realmente muy interesantes por recobrar los mitos y leyendas de la región donde trabajan, así los niños y niñas se enteran que existió el mohan, alguien sin cabeza o muy llorón y otros cuantos bichos, pero no pasa más.

En definitiva son los medios de masas los que nos los que nos ponen los mitos que nos rigen hoy. Fíjate por ejemplo el cuidadoso trabajo que ha hecho Walt Disney al recopilar y reensamblar mitos fundacionales de muchas partes del mundo: El Rey León, Mulán, Hércules, Pocahontas, Aladín, La Sirenita, El Jorobado de Notre Dame…

Niños y niñas de todo el mundo tienen ese mensaje ahí, no sé exactamente cuál, pero está ahí, un poco más allá de la razón. Han hecho un gran trabajo, ¿sirviendo a qué intereses? Obviamente al dinero, pero hay más y definitivamente está generando un condicionante en todos nosotros. Es todo un proyecto de reconstrucción cosmológica, como el nuestro, en varios sentidos…

Algo similar podría darse del análisis de las películas de George Lucas o de los hermanos Wachowski. ¿Dónde ponemos los platillos voladores? No sé, que tal en un lugar equivalente a aquel donde mi mamá tiene aun virgen que subió al cielo en cuerpo y alma, o donde estaba el diluvio universal o el fuego que le hablaba a Zaratustra o en lugar donde dejó el príncipe Sidharta sus riquezas para hacerse un buda.

Lo cierto es que el mito que cuenta Matrix diciéndonos que el mundo en el que vivimos es solo una ilusión de realidad cuando la verdad es que solo servimos como generadores de energía para que finalmente la mentira en sí se reproduzca, no difiere mucho del mito de la caverna que contó Platón hace como 30 siglos. Los condicionantes son otros por eso mientras en la caverna somos ciegos engañados por un falso sentido de la vista, en matriz tenemos un terminal electrónico que penetra por nuestra nuca. Hoy en día muchas personas te entenderían si les dijeras algo como: “manejar la esfera de luz es como tomar la píldora roja”

A diferencia del mito apocalíptico de Matriz, la épica de Star Wars lleva a la gente a pensar en sus inspiraciones cinematográficas como “los siete samurais” y sus bases míticas como el Bushido. No mueve a las masas más que a comprar, pero unos pocos hacen de ese ánimo de ser caballeros con espada y todo (sea de luz como en la guerra de las galaxias o de metal como en los cuentos antiguos, conexión) es una de esas señales que algunos sí sienten.

El increíble despertar de los viejos cuentos, de la fantasía (J.K. Rouling, J.R.R. Tolkein, C.S. Lewis) que incluso ha hecho que los jóvenes vuelvan a leer libros son síntomas de la sintonía, del clamor, de las necesidades y angustias comunes. Más allá de la cultura de masas, con todos los anteriores más Dan Brown y su séquito. El amplio mercado de las ideas ofrece mucho más de esto. En los niveles más “intelectuales” las cosas no son mejores, por ejemplo Humberto Eco, se la gozó mamándole gallo al tema en El Péndulo de Foucault. Que Warner Bros. Disney y otras cuantas están haciendo millones con eso, cierto. Pero ese no es el punto. El punto es ¿nosotros qué hacemos?

La mención que hiciste hoy sobre el hecho que el mito cristiano toma cuerpo en el siglo V me dejó unas cuantas reflexiones más.

Gracias a Saulo de Tarso (alias San Pablo), quien concibió a la iglesia como un proyecto político desde el primer siglo se logró que este mito no fuera únicamente para un pueblo o lo que hoy llamamos una etnia. Eso permitió que el cristianismo se extendiera a los “gentiles” es decir a todo el mundo. Así el cristianismo se convierte en una religión que conquista la fe de la gente pero respeta su etnicidad y con ello muchos de los componentes de su cultura. Papa Noel es uno de los productos más claros de ese sincretismo, es una figura de otro mito transplantada para explicar porque personas como San Patricio, San Nicolás y otros se dedicaron a evangelizar pueblos lejanos donde parecían tener muy pocas posibilidades de éxito. Daños colaterales (para seguir con mis metáforas de medios), en medio del asfixiante calor de Buenos Aires, Santiago, Johannesburgo o Sydney en pleno verano, la navidad se asocia con una nieve que nunca (o casi nunca) cae en Palestina. Eso sin contar que Coca Cola (uno de los mitos más contemporáneos más importantes) convirtió a Papa Noel en un viejito gordito, canoso y con traje rojo de peluche.

La expansión del budismo mezclándose con las tradiciones y los dioses locales en cada zona es una estrategia interesante que hay que entender bien (al fin y al cabo, el siloismo es una especie de budismo latinoamericano y contemporáneo) porque parece diferir de la estrategia cristiana (o la musulmana un par de siglos después) de mayor imposición, que implico la violencia como mecanismo de persuasión (más en el cristianismo que el Islam). Por ahí vi en una librería un libro que creo se llama “Dios contra los dioses” que habla de la forma en que las religiones monoteístas se impusieron a las politeístas, todo un tema. Como es todo un tema la idea del reemplazo de la deidad femenina por la masculina, presentada de manera demasiado ligera en el Código Da Vinci.

No sé hasta que punto los procesos centralizados de religiones como el cristianismo y el Islam influyeron en la violencia con la que se dieron las conversiones. Leí alguna vez que los musulmanes de los primeros tiempos no usaban la fuerza para convertir a la gente, la usaban para conseguir el poder político, daban libertad religiosa pero el poder seguía en manos de los musulmanes, la gente entonces se hacía musulmana por dos razones: una porque así podía acceder a espacios de poder y otra porque comparado con el cristianismo de entonces el Islam era una religión que pedía poco (proclamar a Alá como único dios, orar a diario, ayunar un mes al año –los muy tramposos solo lo hacen de día y de noche tremendos banquetes-, dar limosna e ir una vez en al vida a la Meca).

Creo que la lección es que hay que elegir entre conservar la pureza del mensaje o facilitar su difusión… entre menos haya que hacer y más claro sea mejor….

Germán

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