Germán Bustos

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Un homenaje a ella...

Lunes 4 de diciembre de 2006, por German Bustos

Antes que empezara la guerra -la que ya se acabó según Bush-, la que sigue acabando con la dignidad y la vida de las gentes del desierto, la encontré.

Su voz me llamó con un cierto tono de sorpresa, pero definitivamente mi sorpresa fue mucho mayor; me quedé paralizado, ni siquiera fui capaz de saludarla. Ella se presentó "Hola, ¿no te acuerdas de mi? nos conocimos... "
Claro que me acordaba! Cómo olvidar ese rosto tan bello? "Sí, claro que te recuerdo" atine a decir sin salir de mi estupor.

"No más sangre por petróleo: Ni en Arauca, ni en Iraq" repetí ya no solo con fuerzas, sino con una especial emoción. Llegaban más personas, salude a varios conocidos. De repente, ella había desaparecido, no supe que se hizo...

Y siguieron las marchas, nunca fue a otra...
Y llegó la guerra. Mientras los misiles azotaban Bagdad yo la buscaba en su oficina, sabía perfectamente donde encontrarla, mi antigua compañera de trabajo era ahora su jefa. Ella nos presentó, así que asumiendo que no era necesario: "Ustedes dos estudiaron en el mismo colegio, me imagino que se conocen, por lo menos ambos hablan alemán" Cuando ella entró al colegio, recién llegada de Alemania donde estuvo mientras sus padres estudiaban era una pequeña de primer año, yo estaba ya por salir.

El día que la volví a encontrar en la manifestación, la recordé con su pañoleta roja en la cabeza y esa carita de niña dulce que tenía el día que la conocí, y quedé sorprendido. Desde entonces no ha dejado de sorprenderme...

La guerra de allá y la de acá, han dado tema para varias largas conversaciones. También el cine, la música o el hapkido... al final de cada encuentro siempre me pregunto si lo que me ha dejado seducido son esos labios tan sensuales o las claridad de las ideas que pronuncian. Jamás sabré si son esos ojos tan brillantes como su inteligencia los que me han seducido, pues el amor -como la política- no puede ser convertido en ciencia.

Pues sí, heme acá de nuevo enamorado y asustado. De nuevo soñando con un imposible, no! con algo posible. Ya he huido, ya me asusté, estaba dispuesto a irme, pero Silvio me recordó que:


La cobardía es asunto
de los hombres, no de los amantes.
Los amores cobardes no llegan a amores,
ni a historias, se quedan allí.
Ni el recuerdo los puede salvar,
ni el mejor orador conjugar.

Así que creo que voy a tener que recurrir a las técnicas de Luis Eduardo Aute:


No sabes el dilema que me crea
pasar de todo y no decir ni mu,
por eso estoy aquí maldita sea
plantando cara como harías tú.
Lo que sucede es que me he enamorado,
como el perfecto estúpido que soy,
de la mujer que tienes a tu lado,
encájame el directo que te doy,
encájame el directo que te doy.

Una de dos,
o me llevo a esa mujer
o entre los tres nos organizamos,
si puede ser.

No creas que te estoy hablando en broma
aunque es encantador verte reír
porque estas cosas hay quien se las toma
a navajazos o como un faquir.

Que aquí no hay ni Desdémonas ni Otelos
ni dramas mexicanos de Buñuel,
recuerda que ese rollo de los celos
llevó a Caín a aquello con Abel,
llevó a Caín a aquello con Abel.

Una de dos,
o me llevo a esa mujer
o entre los tres nos organizamos,
si puede ser.

De qué me sirve andarme con rodeos,
a ti no puedo hacerte luz de gas.
Esas maneras son para los feos
de espíritu y algunas cosa más.
Que esa mujer me quiera no es tan raro
si piensas que a ti te quiere también;
lo más terrible es que lo ve muy claro,
pretende no perderse ningún tren,
pretende no perderse ningún tren.

Una de dos,
o me llevo a esa mujer
o entre los tres nos organizamos,
si puede ser.
Una de dos,
o me llevo a esa mujer
o te la cambio por dos de quince,
si puede ser.

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