A diferencia del partido donde, perdiendo, algo ganamos, en el proceso del próximo domingo mucho podemos perder, incluso ganando.

Hace muchos años el entonces técnico de la selección de fútbol, Francisco Maturana, pidió la comprensión del público después de una derrota argumentando que “perder es también ganar un poco”. Hoy Colombia se enfrenta a la situación contraría, seguramente el domingo los votos por sí en la consulta anticorrupción ganarán, pero si no se logra el umbral de más de doce millones de votantes, la consulta perderá, independientemente de los resultados entre sí y no.

La Constitución de 1991 creó un conjunto de mecanismos para que la ciudadanía participe en los procesos democráticos más allá de delegar cada cuatro años a unas personas. La consulta popular que se celebrará el domingo es uno de ellos.

Para evitar que se le impongan al país leyes a través de mecanismos con tanta potencia como la consulta, la constitución y las leyes prevén que sea necesario que haya un número representativo de las personas en capacidad de votar, ese número hoy supera los doce millones de votantes. Por eso, sí quienes acudan a las urnas el 26 de agosto son menos, la consulta no tendrá ningún efecto. Y perderemos.

Primero, se perderá la oportunidad de obligar al congreso a legislar para acabar con la corrupción bajo el mandato directo de la ciudadanía. Muchos intentos de han hecho para que lo hagan por su propia iniciativa y siempre fracasan.

Los proyectos de ley que el gobierno se ha comprometido a presentar no tienen el mismo alcance de las propuestas de la consulta, pero sobre todo no tienen el mismo peso político, así que pueden ser archivadas no retiradas sin mayor inconveniente.

No faltará el politquero que sabrá leer la insuficiencia de votantes el domingo como un aval de la ciudadanía a las formas más rampantes de la corrupción. Hasta el momento no se ve que los partidos y los políticos, ni siquiera los grandes medios le estén dando a la consulta del domingo ningún impulso. Solamente con que dejemos de votar, ellos ganan.

Y claro que no pararán de echarnos en cara el “alto” costo económico de los comicios, seguro que tenían mejores ideas de en qué gastarse esos cuentos de miles de milloncitos.

Como si eso fuera poco, perder el domingo servirá para reforzar un discurso creciente sobre el “exceso” de democracia que puso la Constitución del 91 y la necesidad de acabar o, al menos recortar, los mecanismos de participación creados en esa Carta. La tutela, las acciones populares, las consultas locales sobre acciones en el territorio, la posibilidad de revocar los mandatarios son herramientas que los corruptos se arrepienten de habernos dado, mientras el resto de la población apenas si nos hemos enterado que existen.

Ganar el domingo, sin lograr el umbral será perder y mucho. Los políticos no van a mover un dedo porque votemos, sólo desde la conciencia del poder que tenemos lo podemos hacer.

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