Termina el año de los milagros

En la última reunión de evaluación y planeación de la Comosoc al final del año pasado, no tenía nada que contar, llevaba meses sin hacer nada por la organización, pero insistieron en que me quedara. Cuando me dieron la palabra tuve una comprensión: “He decidido vivir”, comenté. Suspendieron la reunión para celebrarme, abrazarme y aplaudirme. … Leer másTermina el año de los milagros

El reto de escribir

Quiero vivir el segundo tiempo de mi vida haciendo las cosas que realmente me gustan. Escribir es una de ellas. He decidido arriesgarme a hacer literatura, estoy trabajando en escribir un libro, tengo planes para otros. También quiero tomar en serio los blogs que hace tiempo comencé, pero no he mantenido. Además, estoy montando una agencia de escritura.

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Bajo el mismo cielo

No sé cuántas horas llevo sin dormir, el vuelo a España tardó toda la noche, hemos llegado a las 10 de la mañana, pero en el horario de mi cuerpo y en el de mi casa, son las tres de la madrugada, la hora en normalmente me voy a dormir, pero tuve que seguir despierto. Tuvimos que tomar e metro hasta el centro, instalarnos en casa de Sol y ahora estamos en la casa de Nacho Martínez, quien nos invitó a almorzar (a comer dicen acá), después del almuerzo, el postre y la conversa son las 6:00 pm acá, tengo sueño e intento dormir un rato en el sofá de Nacho, al recostarme veo por la ventana y el cielo es igual que el de Bogotá. Mis primeras vivencias en el viaje a Europa.

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Todos somos cómplices

Hace unos minutos asaltaron a la chica que iba sentada a mi lado dentro de un bus, le robaron el celular. Yo estaba sentado a su lado y no entendía lo que pasaba, siento mucha rabia de no haberla ayudado, mucho desconcierto por no saber qué hubiese podido hacer y también mucho susto, yo también llevaba mi celular en la mano y mi computador en la maleta, pero sobre todo mucha indignación porque siento que todos en ese bus fuimos cómplices del asalto.

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Picadito

Tengo que aceptarlo, me dejó “picado” la nota de mi amiga Carolina Arévalo sobre los “mamertos” del fútbol, pero no porque critique mi repulsión al deporte, sino ante todo, porque me llama mamerto. Su columna, ligera y rica de leer, deja sin embargo un leve saber a discriminación, que estoy seguro la autora no pretendió darle, pero ahí está.

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Ñámpiros en el hospital

Juan Carlos y Javier están en el hospital, en la misma sala de observación del servicio de urgencias del Hospital Universitario Infantil de San José, en Bogotá. Los dos son menores de edad, deben estar en los 17 años, A las 10 de la noche arman un escándalo, se quieren ir dicen. Ellos son unos drogadictos, dicen. Quieren salir directo a la Ele, dicen. La sala se llena de personal médico y de seguridad, deben estar acá la mitad de los guardias del turno, además de su coordinador.

El regaño de mi hija

El medio día de hoy, 15 de mayo, día en que entró en vigor el TLC con Estados Unidos, estuvo bastante agitado. Había marchas en el centro de la ciudad, protestas en las universidades públicas y de repente salta la noticia de la explosión de una buseta en la calle 74 con Avenida Caracas. Un sector donde empieza la zona norte de la ciudad. Camino obligado para cuando visito la zona de compra de equipos de computación, por ejemplo. Las redes sociales estaban a reventar con comentarios alrededor del tema. El denominador común era decir que por malo que fuera el TLC para el país nada justificaba que se recurriera al terrorismo como mecanismo para criticarlo, algunos con un poco de cinismo llamaban la atención sobre el hecho que en una tarde protestas no se podía reversar años de negociaciones. Alguien acertó a decir que matar a los pasajeros de un transporte público era atentar contra los más pobres de este país.

Políticamente incorrecto

En los últimos días, personas que quiero mucho me han acusado de ser ingenuo, reglado, violento, anticomunista, defensor del sistema, de no creer en los mecanismos institucionales, de dispuesto a negociar con el “enemigo” y de otro montón de cosas que ya ni me acuerdo, pero le he estado dando vueltas al tema y mi conclusión es que soy un completo incorrecto en términos políticos. Además que tengo la aburridora costumbre de llevar la contrario, lo que hace que mis amigos conservadores me consideren un comunista extremo y mis amigos de izquierda un godo.