¿Y ahora, quién podrá defendernos?

Querido Chapulín Colorado,

Ni te molestas en aparecer. Ya pandió el cúnico.

Te perdiste de la acción. Ni en tus mejores episodios te imaginaste el mundo entero asustado, escondido en sus casas y esperando alguien que grite: “Yo”, y en quien de verdad se pueda confiar.

Los políticos, los líderes religiosos y hasta los científicos simulan tener sus movimientos fríamente calculados, pero en realidad se la pasan tropezando y cayendo con tanta torpeza que parecen entrenados en la escuela mexicana del humor, que Cantinflas y tú hicieron mundial. El presidente de México ha sido un impresionante ejemplo de esta situación, pero los hay peores, mucho peores.

Mientras tanto se siguen aprovechando de la nobleza de los millones de pobres que ahora no tienen de dónde conseguir el pan diario. De nuevo tus tácticas de trabalenguas burocráticos y prestidigitación distraen a las masas que no contaban con la astucia de los corruptos que siguen en lo mismo con pandemia o sin ella.

Como siempre, los buenos no vamos a seguirte. Estamos muy ocupados compartiendo memes sobre lo mucho que hemos aprendido en cuarentena. Sobre lo buena que ha sido para el medio ambiente, mientras aumentamos nuestro consumo de energía, de agua, de plásticos y de químicos para la desinfección. Maravillados de descubrir que sólo necesitamos comida, un techo y educación… ¡Ah! Y conexión a Internet… Y no estaría mal un corte de pelo, una manicura, algo de ropa nueva…

Intoxicados de positividad, nos quitamos unos a otros el derecho a sentirse triste, angustiado o furioso. “Tómalo por el lado amable” nos decimos y sonreímos en el mosaico de caras de cualquier reunión virtual, aunque no tengamos con qué desayunar mañana, aunque no tengamos con que pagar la renta del mes próximo, aunque no tengamos certeza si saldremos vivos de esta situación. Más vale tarde que cientos volando. No, no, más vale pájaro en mano que nunca. No, no, más vale que pájaro nunca llegue tarde, porque si yo me siento volando… Bueno, la idea es esa.

Como seguramente sospechaste desde un principio, todos estamos deseosos de volver a la “normalidad”, a comprar en los centros comerciales, a andar libremente, a trabajar… Mejor dicho, a ser explotados como siempre, a vivir en medio de los atascos, del estrés y del bombardeo de sueños que nunca podremos adquirir.

Hace unos meses muchos protestábamos porque el capitalismo no cumple sus promesas. Estábamos trabajando cada día más, con peores ingresos y deudas cada vez más impagables, hastiados de la corrupción, de la contaminación, de la pérdida de libertades. Hoy aplaudimos que la policía detenga a la gente por rumbear, por follar o por salir a la calle el día que el empleado del supermercado decida que no le corresponde a ese género.

Ya no necesitamos tus antenitas de vinil para detectar la presencia del enemigo. Ahora tenemos celulares con los que los gobiernos y fuerzas policiales sabrán aún más de nosotros, además estamos felices de darles esa información y más. De hecho, insistimos en que la registren, mi temperatura, sí estornudé, si estuve en la calle, si vengo o si fui. Todo. El enemigo es ahora quien se acerca, quien tose, quien duda, quien no obedece.

Ahora todos queremos que haya héroes que salven el día. En especial si son como Batman, millonarios para abastecerse a si mismos, sin pedir nada al estado y que vivan en una cueva lejos del resto del mundo, para que los podamos aplaudir pero que no se nos acerquen demasiado.

Pero yo prefiero un héroe como tú: Siempre lograste hacer las cosas, aunque casi nunca entendiste por qué, nunca fuiste muy valiente pero siempre terminabas en la mitad del problema y, lo más importante, estás muerto.