De vándalos, godos y otros bárbaros

A mi tampoco me gusta no poder pasar porque un paro o una manifestación cierra una vía y odiaría que mi casa o mi negocio fueran saqueados. A escala mayor es claro que todas estas acciones tienen un importante impacto económico y político, si no lo tuvieran no se harían. Sin embargo, el gobierno y muchos medios que le hacen eco, quieren que las protestas se hagan “pasito”, sin molestar a nadie, en especial a ellos. Propongo una reflexión sobre lo que significa hacer política en la calle, en la que creo que tanto los defensores del establecimiento, como quienes buscan cambiar el estado de cosas tienen todavía mucho que evolucionar.

Menos mal no hay paro

Según el presidente Santos y otros funcionarios del alto gobierno el Paro que comenzó el pasado 19 de agosto fracasó. Sin embargo, la vivencia de los colombianos de a píe es otra: a pesar de la fuerte represión de la fuerza pública la gente salió y sigue saliendo cada vez más a protestar. Para esta semana se anuncia que la MANE y Fecode se sumarán a las protestas. Quiero hacer un primer análisis de tres aspectos claves del paro: uno el uso de la violencia por parte de manifestantes y la fuerza pública, dos, las posibilidades de acción noviolenta y, tres, el uso de tecnologías por parte de la sociedad civil para denunciar y reportar los abusos del poder.

Noviolencia reaccionaria

Durante casi un año he venido encontrándome con material que habla de como la noviolencia está siendo usada como forma de intervención del gobierno estadounidense en varias partes del mundo. Es más el material que he leído indica que a través de una empresa consultora en Serbia, se han realizado intervenciones en varios países de la antigua Unión Soviética y se habría propiciado la llamada primavera árabe.